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Daniel Prades «Hacemos etiquetas para la comida envasada que permitan decir qué está pasando dentro de la bandeja»

El Departamento de Ingeniería Electrónica y Biomédica de la Facultad de Física ha desarrollado un sensor del tamaño de una etiqueta que permite detectar gases a través de una fotografía.

¿En qué proyecto está trabajando el grupo?

Nosotros venimos del mundo de hacer sensores. Hacer sensores desde el punto de vista de la electrónica significa hacer chips que permitan que cuando pasa algo en el ambiente esto se convierta en una señal eléctrica en un móvil, un dron o lo que convenga. En un momento determinado nos planteamos si, además de hacer electrónica, podíamos también hacer cosas más sencillas y económicas. Que el sensor nos diera no las mejores prestaciones pero sí las suficientes, y que la aproximación fuera lo más simple posible. De ahí salió el tema de hacer sensórica con fotografías, que detectara cómo algunas sustancias cambiaban de color delante de uno mismo. Esto, evidentemente, se puede hacer a simple vista, pero la gracia del proyecto era conseguir que cualquier foto tuviera colores realistas para que el análisis después fuera cuidadoso y correcto.

Tras mirárnoslo con detalle vimos que había mercado en la industria alimentaria, que es la que nos anima más. Hemos conseguido hacer etiquetas para la comida envasada que permiten decir lo que está pasando dentro de las bandejas que podemos encontrar en cualquier supermercado.

Ésta es una de las aplicaciones de ColorSensing

Sí, consideramos los distintos sectores, volúmenes y problemáticas y parece que es donde hay más oportunidades e interés. Hemos tenido contacto con algunas empresas del sector cárnico, envasadores en la gran mayoría, y hay empresas que nos han dicho que lo quieren. Para introducir una innovación en un sector tienes que ir a hablar con todos los actores posibles, para entender la problemática, pero especialmente para aclarar quién asumirá el coste, que en este caso es quien monta la bandeja de carne. Este proceso de análisis previo es muy interesante. Desgraciadamente, como científicos no solemos acostumbrar a hacerlo bien, y esto tiene muchas consecuencias en la aplicación de la investigación. Por ejemplo, te das cuenta que toda la química que has desarrollado para hacer los sensores debe poder ir sobre el plástico que utiliza esta gente. Nosotros hemos tenido que hacer cambios y redirigir cosas para poder adaptarnos a lo que era aceptable para la empresa que iba a incorporar los sensores. Y seguimos haciéndolos, es normal.

¿Cómo funcionan estos sensores?

En química son comunes unas sustancias que se llaman ‘indicadores colorimétricos’. Son sustancias que están diseñadas para mostrar un cambio de color visible cuando están expuestas a un agente determinado. De las muchas posibilidades que hay, nosotros hemos elegido unos cuantos indicadores de estos que nos permiten conocer la concentración de unos determinados gases dentro envases de comida. Los envases de comida son interesantes porque los gases que hay dentro son conocidos. Hay mucha comida que se envasa en una atmósfera modificada que contiene un cóctel de gases que hace que el producto dure más. Estos gases son nominales cuando se monta la bandeja, y cuando pasa el tiempo la comida evoluciona. Hay toda una serie de cosas que pueden alertar sobre distintas situaciones: qué es lo que se ha pasado, o qué es lo que no se ha pasado del todo todavía, aunque la fecha diga que sí; se ha podido perforar el envase, o no se ha cerrado bien desde un principio… Si mides las desviaciones respecto a lo que lo que esperarías que hubiera dentro, puedes saber cosas sobre lo que le pasa a la comida.

La problemática que hay aquí, más allá del tema de las tintas, es cómo hacer que esta foto salga bien, que sea realista, que el color salga bien… Aquí es un poco donde están las patentes que tenemos, que permiten verlos bien, por un lado, y evitar dar falsos positivos o alertas innecesarias, por otro lado. Es tan importante corregir bien las fotos como saber que una foto es incorregible, para dar la oportunidad de repetir la foto y no dar información falsa. Esto también es parte de nuestra tecnología. Parece una tontería, pero a veces decir ‘no funciona’ es tan importante como decir ‘funciona’.

¿A quién podría beneficiar esta tecnología?

Nosotros planteamos esto como una nueva fuente de información. Al envasador lo que le permite es saber cómo están los lotes que están envasando, pero también se puede vender la capacidad de hacer una foto y que te diga algo que sea de interés para ti. Nosotros vendemos una etiqueta física que en realidad es un servicio que puede tomar muchas formas: puede ser un elemento de marketing, de trazabilidad, de control de calidad… Se puede aplicar inicialmente a todos los alimentos que tengan una atmósfera modificada, y estamos trabajando para que se pueda aplicar en más casos. Actualmente estamos manteniendo conversaciones con empresas de fruta cortada y de pescado envasado, y también se puede aplicar a otros sectores que de productos no tan frescas, como las patatas fritas, los frutos secos, la pastelería… Los elementos gaseosos que hay que detectar son prácticamente los mismos.

¿Qué opina de la idea de crear empresas a partir de una tecnología surgida en la Universidad?

Pienso que las spin-offs universitarias son socialmente necesarias. Nosotros estamos trabajando con la gente de la FBG, y la idea es constituirnos como spin-off de la UB. Es cierto que la inversión pública en la investigación tiene como retorno la generación de conocimiento; en un sentido competitivo, sin embargo, dentro de la economía esta invención debe traducirse en algo concreto. La cultura de colaboración con la empresa todavía tiene que madurar en nuestro entorno, y la opción de poner en marcha iniciativas como empresa propia con la expectativa de ser comprado o transferido, ayuda. Te posiciona como alguien que empieza a hablar su lenguaje.

Pienso que es interesante el mindsietting de hacer un desarrollo fuera de la universidad en un contexto de start-up. Nosotros nos hemos decantado por esta aplicación en la comida porque detrás hay un análisis de números y de mercado. Poder dedicar internamente esfuerzos a analizar a qué se debe aplicar y cómo debe reorientarse la investigación por parte de personas que no son científicos, es importante. Esta oportunidad nos la dio una ayuda del Consejo Europeo de Investigación (ERC), y ha sido muy satisfactoria. Y hemos aprendido muchas cosas. No hay demasiadas formas de financiación que cubran la posibilidad de poder destinar recursos humanos dentro de un proyecto específicamente para ello, y a nosotros nos ha ido muy bien.

Más sobre Daniel Prades

El mejor invento de la historia: Aunque ahora justamente sea polémico, yo diría que la ganadería intensiva. Los antibióticos, las toxinas y la contaminación matan, pero el hambre también.

El peor invento de la historia: Es contradictorio. No puede haber un mal invento. Si está inventado es porque satisface una necesidad. Otra cosa es el uso que se le derive.

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La FBG es… una estructura muy ágil de la Universidad de Barcelona que genera un espacio para promocionar y gestionar la investigación de una manera muy eficaz.

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