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Mireia Freixa «Hay que ser buena persona antes que un gran investigador»

Mireia Freixa ha sido directora del Grupo de Investigación en Historia del Arte y del Diseño Contemporáneos (GRACMON) desde su creación, en 1986, hasta ahora. A pesar de que ya se ha jubilado de su labor docente, continuará haciendo investigación durante los próximos tres años, ahora ya desde un segundo plano como profesora emérita.

¿Cómo ha cambiado la investigación desde que empezó usted?

Cuando empecé, la investigación era un lápiz, un papel, un archivo y hacer fichas. He vivido, por tanto, todo el proceso de cambio que ha hecho que la investigación haya dejado de ser una tarea individual para convertirse en una tarea de grupo. Esto, sin embargo, es algo que yo creo que la universidad aún no se cree en el caso de las Humanidades. En el ámbito de las ciencias es obvio, pero en el caso de las letras no se lo creen ni la universidad ni muchas veces los propios investigadores. Con la transferencia en el ámbito de las letras el rector Rubiralta hizo una gran política cuando fue vicerrector de Investigación. Se dio un gran paso adelante y se tomó muy en serio el ámbito de las letras.

El mundo muchas veces no es consciente de que con muy poco dinero invertido, la investigación en letras da muchos resultados. Nos ha sido imposible conseguir una beca Ramón y Cajal, cuando, en el fondo, nuestra investigación tiene mucho impacto a nivel social, porque es más cercana. Podemos ser igual de punteros que un investigador de ciencias, y además costamos una milésima parte. Hemos sufrido la crisis como todo el mundo, pero la hemos sufrido absurdamente, porque con un poco más de visión habríamos podido hacer de todo esto un valor para dar salida a lo que cuesta menos recursos. A la hora de la verdad, con poco dinero hacemos maravillas.

¿Qué hacen en GRACMON?

En GRACMON nos hemos dedicado, sobre todo, a hablar del Modernismo y del Noucentisme en la ciudad de Barcelona, tanto desde un punto de vista genérico como en temas más concretos. Personalmente he impulsado la investigación en el campo de las artes aplicadas y decorativas en vinculación con profesores y profesoras del Departamento de Artes Visuales y Diseño de la Facultad de Bellas Artes. Hicimos, desde el inicio, una apuesta por las nuevas tecnologías. En historia del arte es básico tener control de imagen, y por eso nos interesamos en ello. Nos caracterizamos por utilizar las nuevas tecnologías tanto en la investigación como a la hora de divulgar los conocimientos. Hemos sido un modelo de cómo los grupos de letras pueden salir de la universidad y divulgar el trabajo que hacen de manera rentable. El trabajo de transferencia con el que hemos conseguido más repercusión es en el comisariado de exposiciones para museos y fundaciones. Casi todos comisariados científicos porque la gestión de las exposiciones la llevan ellos normalmente. Una de las cosas importantes que tenemos también es una línea de publicaciones que funciona muy bien. Por otra parte, hemos formado a gente en temas concretos, por ejemplo sobre el mosaico, el vitral, los pavimentos… Y esto finalmente ha sido incluso una buena salida laboral para esta gente, porque no hay expertos en estos temas, y ésta pienso que ha sido claramente una de las líneas de éxito del grupo.

GRACMON ha tenido la suerte de contar con gente que ha trabajado con ganas y con buena fe. Porque siempre hemos dicho que había que ser buena persona antes que un gran investigador. Y eso no quiere decir que la gente no tenga que ser ambiciosa, pero se tiene que partir de una base colaborativa y no se debe pisar al compañero. Nosotros en el grupo hemos tenido esto siempre muy claro que hay que ser buena persona y que se debe trabajar con un sentido de generosidad.

¿Cuál es el proyecto con el que más ha disfrutado?

He disfrutado con todo, de verdad. Empezamos a hacer transferencia a través de la Fundación Bosch i Gimpera a partir del año 2000, y el proyecto de más éxito ha sido una exposición que hicimos en ‘La Pedrera’. La Fundación La Pedrera decidió hacer una gran exposición sobre el Modernismo y los convencimos para que, en vez de hacer una exposición sobre grandes normbres, la hicieran sobre el Modernismo desde abajo, desde las artes industriales, aplicadas y decorativas. Llevaba por título Modernismo. Artes, talleres, industrias.  Finalmente la hicimos así y tuvimos 94.000 visitantes. Fue un éxito absoluto, y la Fundación Bosch i Gimpera nos lo reconoció con el premio Antoni Caparrós al mejor proyecto de transferencia de conocimiento. Éste quizás podríamos decir que es el contacto más vistoso que hemos tenido.

Por otra parte, el espacio de encuentro que hice para los trabajadores de la FBG también me gustó. Si hablamos de disfrutar, a mí el hecho de haber tenido la oportunidad de explicar la investigación que hacemos en el grupo al personal de la FBG me encantó.

¿Cómo ha cambiado la universidad durante estos años?

En lo que hemos ganado es con la lucha feminista. Aún queda mucho por hacer, pero se ha ganado muchísimo, porque no nos hemos dejado tomar el pelo. Hemos luchado mucho, y yo creo que lo hemos conseguido. Ahora aquí existe la misma discriminación que hay en todas partes, no es menor de la que pasa fuera, es igual. Estamos tan mal como en otros lugares, o tan bien como en otros. Pero no peor. Siguen mandando los hombres, pero hace treinta años en una facultad en la que la mayoría de estudiantes eran chicas, todos los profesores eran hombres, y ahora es al revés.

¿Le ha quedado algo en el cajón por hacer?

Uno debe asumir que se hace mayor, y lo más importante de hacerse mayor es que la gente sepa que tiene que pasar a un segundo plano, porque la gente joven debe adquirir protagonismo. El éxito es que el investigador principal pase a un segundo plano no cuando se jubila, sino antes. Y eso nosotros lo hemos podido hacer muy bien, porque en nuestro equipo hay gente muy cualificada. Además, el hecho de ser emérita me da la posibilidad de seguir colaborando en muchos proyectos durante tres años. De todos modos, tengo ganas de hacer muchas otras cosas que no tienen nada que ver con la universidad. Me gusta el mar y navegar; tengo ganas de estar con mi familia y mis nietos y quiero escribir un libro de cuentos que se llamará Los cuentos de la abuela despistada, que serán historias reales.

 

Más sobre Mireia Freixa

Un personaje histórico

Una mujer, no me pregunte cuál. Para mí un personaje histórico sería revisar la historia con visión de mujer.

¿Qué le gustaría ver en el futuro?

Que la universidad volviera a ser como era hace quince años en cuanto a la investigación, y que se valorara más la docencia.

Un invento que le dé miedo

La inteligencia artificial. El único robot que me gusta es el que barre.

La FBG es…

…una herramienta para poner la investigación en contacto con la sociedad. Pienso que esto es una gran tarea. Siempre ha sido muy fácil trabajar con la FBG, y eso se agradece muchísimo.

 

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