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Josep M. Grinyó «Queremos posicionar nuestra proteína como nueva terapia para las enfermedades autoinmunes»

El equipo dirigido por el Dr. Grinyó, investigador de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad de Barcelona y del IDIBELL, ha desarrollado una molécula con un componente capaz de inhibir la respuesta inmune del cuerpo ante una enfermedad autoinmune.

¿Qué particularidades tiene la molécula que han desarrollado?

Nosotros lo que hemos hecho es una molécula proteica, es decir, un combinado de tres subpartes de una proteína con misiones distintas. Una parte de la proteína da solubilidad a la sangre para que la molécula pueda circular y tenga una vida media larga; las otras dos mitades de la molécula ejercen una acción inmunosupresora para que la respuesta inmunitaria del cuerpo no sea tan vigorosa. La novedad de la proteína es que contiene una parte que inhibe que las células puedan despertar y dar una respuesta inmunitaria, y otra parte que disminuye la respuesta de las células T, principales protagonistas de la respuesta inmunitaria. Es decir: inhibimos la activación y activamos la inhibición.

¿En qué enfermedades se podría aplicar?

Por inercia y por tradición personal, lo primero que hicimos fue probar con un modelo de trasplante renal. Y fue bien. Sin embargo, las agencias reguladoras que deben probar los fármacos son muy restrictivas a la hora de dar valor clínico real a nuevos inmunosupresores en el campo del transplante, ya que la mayoría no mejoran mucho los resultados a corto plazo, y a largo plazo los efectos beneficiosos cuestan más de demostrar y pueden diluirse.

Teniendo esto en cuenta, y dado que en el campo de las enfermedades autoinmunes ahora han irrumpido nuevos inmunosupresores biológicos y existe una gran receptividad y una necesidad sanitaria y social, pensamos en explorar la molécula en el campo de las enfermedades autoinmunes. Aprovechando que somos nefrólogos, hicimos un modelo de tratamiento de la nefritis lúpica, que es una enfermedad que afecta principalmente a mujeres jóvenes y que tiene severidades muy variables (desde ligeros dolores en las articulaciones, hasta complicaciones que pueden afectar el sistema nervioso, el corazón, los pulmones y el riñón). Hicimos un modelo de tratamiento y salió francamente bien, ya que pudimos objetivar el beneficio. En el caso de las nefropatías podemos cuantificar parámetros de su actividad, y una de ellas es la excreción de proteínas por el riñón enfermo. No se trata de la apreciación semicualitativa de cómo se encuentra una persona, sino que es la medición objetiva de una proteína que no debería perderse en cantidades elevadas y que con la enfermedad sí que se pierde. En este caso lo que hemos visto es que nuestra molécula reduce esta pérdida de una manera muy significativa; al mismo nivel, por ejemplo, que la ciclofosfamida, un fármaco muy tóxico que se da a cambio de pagar un precio muy alto en términos de efectos adversos. Nuestra molécula da unos resultados excelentes. De ahí que nos hayamos animado precisamente con otra enfermedad que tiene relación en cuanto a los mecanismos por los que se desarrolla el lupus: la artritis reumatoide. Queremos desarrollar esto y demostrar que esta molécula también es capaz de disminuir las lesiones de las articulaciones.

¿De qué manera mejoraría la molécula estas enfermedades?

La eficacia terapéutica sería la misma que la de estos medicamentos tan tóxicos y, además, nuestra molécula administrada a largo plazo podría evitar que hubiera más rebrotes. Porque en estos tipos de enfermedades autoinmunes, que también tienen un alto componente inflamatorio, existe un fenómeno de brotes que no se sabe muy bien por qué se desencadena (puede ser un resfriado, una infección viral …). Con estas enfermedades sucede lo que se dice en catalán «a cada bugada es perd un llençol” (en cada colada se pierde una sábana). Muchas veces el enfermo no se acaba de recuperar del todo ni vuelve al estado de antes del brote. Por lo tanto, disminuir los brotes es también una necesidad.

En los últimos meses el proyecto ha ganado dos ayudas F2i-FBG y ha sido seleccionado para participar en el programa CaixaImpulse. ¿Cómo invertirán este dinero y recursos?

Estas ayudas son vitales para nosotros. El F2i-Fondo de Valorización lo ganamos para explorar in vitro un modelo de lesión de piel con psoriasis. Y el Mentor in Residence nos ha permitido incorporar a una persona experta que nos ha ayudado a planificar y estructurar lo que se llama ‘la guía regulatoria’ (generación de la evidencia terapéutica, demostración de seguridad, exigencias de un posible licenciatario, etc.).

El programa CaixaImpulse nos ayudará mucho, porque hemos planteado hacer el modelo de artritis reumatoide. Tener la prueba de concepto de eficacia en una enfermedad renal lúpica y tener eficacia en el modelo de artritis reumatoide nos ayudaría mucho a posicionar nuestra proteína como una proteína útil en el tratamiento en general de las enfermedades autoinmunes. Tener las dos evidencias daría mucha fuerza a nuestro planteamiento final: tener un espectro de indicaciones que puedan ser muy útiles a la hora de afrontar estas enfermedades autoinmunes.

¿Qué harán con la molécula?

Nosotros creemos que la salida que le puede dar más proyección es hacer una licencia, ya sea directamente con una empresa en el momento en que nos encontramos ahora o bien a través de la creación de una spin-off en el contexto de las instituciones. Con la spin-off deberíamos ver hasta dónde somos capaces de llegar nosotros mismos, dependiendo de la financiación que pudiéramos conseguir. Por otra parte, existe la posibilidad de encontrar una empresa farmacéutica que estuviera lo suficientemente interesada para hacer todo el desarrollo preclínico.

Estamos en un punto, por ejemplo con el lupus, en el que ya no hay más pruebas de concepto. Hay enfermedades en las que la eficacia debe demostrarse preclínicamente con un animal que sea cercano a los humanos, como por ejemplo los primates. El lupus no existe en primates, entonces será la toxicidad lo que tendremos que explorar en mamíferos superiores y luego en humanos. Esto nos permite, de alguna manera, beneficiarnos de la inmediatez. Si no fuera tóxica, entonces podríamos plantear ya pasar a la prueba clínica. Esto también ocurre con la artritis reumatoide, que se explora a través de una prueba de concepto y después ya se pasa a la toxicología.

¿Cuál cree que es la importancia de la transferencia de conocimiento?

La investigación siempre debe irradiar conocimiento: se basa en conocimiento y debe derivar en más conocimiento. Y el conocimiento se materializa en las instituciones a partir de la consolidación de grupos de investigación, de la recaudación de fondos competitivos, del inicio de nuevas líneas y de la generación de conocimiento. La transferencia debe ser útil ya desde la investigación. Si se hace una transferencia a la industria farmacéutica, por ejemplo, también se generan unos retornos que retroalimentan el sistema. Los retornos generan después más posibilidades de hacer investigación. En la sociedad científica durante mucho tiempo lo que se contemplaba era “el conocimiento por el conocimiento”. En un momento dado algunas sociedades científicas se plantearon que la investigación científica biológica y biomédica revirtiera finalmente en una aplicación real para que los enfermos, los sistemas sanitarios y en definitiva la sociedad obtuvieran un beneficio real. Si uno compara, por ejemplo en el campo de la reumatología, lo que se estaba haciendo hace veinte años y lo que se está haciendo ahora, antes eran todo antiinflamatorios que no interferían esencialmente en el curso de la enfermedad. Eran para reducir el dolor y la inflamación. Hoy en día estas innovaciones derivadas de la investigación permiten interferir mucho y modificar realmente el curso de la enfermedad. Sin hacer milagros, pero introduciendo mejoras. El último beneficiario de todo esto siempre es la sociedad, y yo creo que el papel de las instituciones aquí es fundamental.


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